Este cuento pertenece al libro Historias de cronopios y famas de Julio Cortázar, este es uno de los
libros más divertidos del autor, está compuesto por una serie de instrucciones
para cosas simples que hacemos cada día y casi por instinto, como por ejemplo:
llorar, cantar, subir escaleras, etc.
“PREÁMBULO A LAS INSTRUCCIONES PARA DAR CUERDA AL RELOJ
Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un
pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan
solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque
es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese
menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan —no
lo saben, lo terrible es que no lo saben—, te regalan un nuevo pedazo frágil y
precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a
tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te
regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle
cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la
hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el
servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de
que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que
es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia a comparar tu reloj
con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te
ofrecen para el cumpleaños del reloj.”
Esta es una metáfora del tiempo, esa cosa intangible que
tanto nos agobia y consume a todos, el tiempo es una de las cosas más bellas y
ni siquiera existe. En este caso, el reloj es la representación de esto y de cómo
a través de este simple artefacto nos condenamos nosotros mismos, a siempre
estar pensando en el paso del tiempo, la llegada de la muerte, como este se nos
escapa de las manos con un solo suspiro.
El tiempo es valioso, es irrecuperable, cuando trabajamos y
ganamos dinero, en realidad no nos están dando dinero sino el tiempo que
gastamos en conseguirlo. El símbolo del reloj es en realidad el recordatorio de
esto. Tic, toc, tic, toc siempre avanzando, igual que haría el capitán garfio
huimos a ese sonido, hoy en día parecemos no tener suficiente en ningún momento
y vivimos subyugados a el. Lo curioso de todo esto es que cada vez las cosas
sin significancia que queremos conseguir aumentan
y el tiempo disminuye.
Creemos vivir libres
pero siempre estaremos condenados al tiempo, ojala pudiéramos congelar los
minutos con las personas que amamos, hacerlas eternas o disminuir esos minutos
que parecían horas en que desperdiciamos nuestra vida. Peo, al fin y al cabo ahí
es donde radica la vida misma, como dijo Mario Mendoza : “Solo somos fugacidad
e impermanencia”.

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