La
importancia de tus palabras en mi historia:
De repente
preguntas: ¿Que son las palabras? Existen muchos significados, pero
inevitablemente esta pregunta evoca nuestro recuerdo. Podría comenzar
diciéndote que las palabras son un sonido o conjunto de sonidos que poseen un
significado fijo, tal y como nos decían en el colegio, pero ambos sabemos que
las palabras son más que eso. En nuestro caso particular han sido muchas cosas
y pocas a su vez: en los días en que el sol me recuerda tu manera de hacerme
sonreír solamente he necesitado una o dos, pero en las noches cuando las
estrellas me susurran tu nombre no logro encontrar las suficientes.
En un
principio las palabras fueron para nosotros la manera en que nos conocimos, la
forma en que nos perdíamos uno en las historias del otro y poco a poco
comprendíamos lo diferentes que éramos pero lo parecida que era nuestra
historia, recuerdo que hablando un día nos llamamos “mejores amigos”, dos
palabras de las cuales no me arrepiento ni por un instante, pues fueron estas
las que nos llevaron a decir también que nos conocimos uno al otro en su
totalidad.
Pero a
medida que las palabras aumentaban y esas tardes en que hablaba contigo en
aquel lugar especial que es para nosotros un lugar lleno de significado, las
palabras se volvían eternas y poco a poco y sin darnos cuenta a través de
estas, nuestros sentimientos también se iban transformando en algo más. Porque
sabias como hacerme callar o hacerme hablar por horas, porque una sola palabra
tuya podía hacerme pensar o dejar de hacerlo y me fui enamorando de estas pues
reflejaban tus pensamientos los cuales me intrigaban, pero también reflejaban
tus sentimientos y yo me identificaba con ellos.
Fue
entonces que las palabras adquirieron un significado distinto y nos mirábamos a
través de otros ojos, y ya no había vuelta atrás porque aparecíamos en los
sueños del otro, tal y como me contaste alguna vez. Y un día cualquiera, común
en la vida de dos personas que en determinado momento se conocieron, decidieron
expresar lo que el otro provocaba en sí mismos, entonces, ya no había lugar
para las palabras separadas sino que cada una se relacionaba con la otra y todo
adquirió sentido de pronto. Ese momento fue como Julio Cortázar escribió alguna
vez: “Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos”.
Sé que
podría contar nuestra historia utilizando miles de palabras, pero en cambio,
voy a hacerlo usando unas pocas, las más bellas palabras. En primer lugar,
somos serendipia, es decir, un hallazgo afortunado e inesperado que se produce
cuando se está buscando otra cosa distinta, pero también somos inmarcesibles,
pues no podemos marchitarnos. Nuestra historia es etérea, extremadamente ligera
y delicada, algo fuera de este mundo y a su vez es inefable, algo tan increíble
que no puede ser expresado en palabras.
Pasaran los
años, los siglos, las épocas, sé que nada es eterno y ahora no te tengo conmigo, pero las palabras
que fueron dichas y las que no, perduraran por siempre en los recuerdos, porque
esas palabras ya hacen parte de mí, son lo único que me queda, después de todo
es en ellas que encuentro paz, refugio o consuelo.
Pensar en
ti es una experiencia que me pone a prueba y no encontré otra forma para
expresarlo más que en las palabras, la distancia que nos separa en este
momento es bastante pero la distancia que hay entre tus palabras y las mías
sigue siendo la misma, la forma en que estas me hacen sentir no ha cambiado y
sigo siendo la misma persona, que se pasaba las tardes solo escuchándote.
Ahora
entiendo porque el mundo le tiene más miedo a las palabras que a los fusiles. A
partir de las palabras se han formado revoluciones, guerras, movimientos, la
mayoría de las grandes ideas son fundamentadas en la palabra y mueven a la
gente. El poder de la palabra es tanto, que puede hacer que dos personas se
odien o por el contrario nos permite enamorarnos. Benito Taibo dijo una vez:
“Hay palabras poderosas como paz, importantes como justicia, imprescindibles
como vida, valiosas como sueño, muy poco significativas como dinero… Por eso
hay que pensar antes de decir y nunca dejar de decir lo que se piensa.”
Por el
momento, no me queda más que pensar en las palabras correctas para agradecer el que
te cruzaras en mi camino y seguir escribiendo las palabras que conforman
nuestra historia, aunque yo solo necesito una, mi preferida: tu nombre.
Autor:
María Fernanda Cruz Aguilar
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