“La muerte. En el transcurso de la vida se piensa muchas
veces en que un día, tras años, meses, semanas y días preparatorios, llegaremos
a nuestro turno al umbral de la muerte. Es la ley fatal, aceptada y prevista;
tanto, que solemos dejarnos llevar placenteramente por la imaginación a ese
momento, supremo entre todos, en que lanzamos el último suspiro.” (Pág. 1)
El hombre muerto es un relato que me estremeció, pues nos
muestra como de un momento a otro la muerte puede llegar sin avisar, incluso de
manera absurda. El peso de la muerte, de cómo en un momento nos podemos
encontrar haciendo la cosa más trivial de nuestra vida y al siguiente perderla,
es una reflexión que todos nos hacemos, pues esta es una de las cuestiones más
intrigantes de la existencia.
La muerte une más que la vida,
para los vivos la muerte es algo lejano, algo que no nos va a pasar, una
característica externa a nuestro ser, casi que la obviamos pero cuando nos
vemos enfrentados a ella ya no es tan obvia. Si la muerte no tiene sentido
debemos darle sentido a la vida, porque la vida no es segura en cambio la
muerte es lo único seguro, la sociedad le da una falsa respuesta a esta
pregunta. Iván Ilich y su muerte son la representación del choque con la
realidad para él y para quienes lo rodean. La sociedad gira en torno a la
significancia que le debemos dar a la vida para así darle sentido a la muerte,
pero esta es una falsa idea.

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