Siempre me ha intrigado la forma en que la literatura es capaz de crear imágenes tan vividas en el lector a partir de unas pocas palabras, sinceramente siempre he considerado esto una de las más grandes genialidades. En el caso de Marguerite Yourcenar la narración lo es todo, es como si de un momento a otro y sin saber porque, esa forma única de contarnos la historia nos atrapa, no nos suelta, nos aprisiona y mantiene allí hasta la última página. Es como una sensación de golpe, sin previo aviso, repentinamente ya no te encuentras leyendo un cuento sino que haces parte de esa escena, haces parte de ese mundo único y particular que la gran escritora ha creado meticulosamente para el lector.
Esta es la primera vez que leo un cuento de esta autora y debo decir que fue una grata sorpresa encontrarme con todas
estas imágenes tan bien construidas que rondan por todo el relato, como por
ejemplo:
Es una escena increíble, experimenté muchas sensaciones
con este fragmento. La belleza y la fealdad, el arte en la muerte, todo en un párrafo,
es un poco perturbador pero a su vez es como encontrar un lado diferente de las
ideas que se tienen en la cabeza de estos conceptos.



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